Tus Testimonios

A VECES CUANDO CUANDO DESEAS UN MILAGRO, OBTIENES DOS

Autor: Karla Navarrete

Sometimes, when you wish for a miracle, you get two! A veces, cuando deseas un milagro, obtienes dos! Si! Soy mamá de mellizos. Es una experiencia única. Cuando el Doctor me dijo que estaba casi seguro de que serían dos estaba tan feliz tan feliz, que mi alegría no me cabía en el cuerpo, gracias a Dios mis dos milagritos no me dieron ningún problema durante el embarazo solo que crecieron y crecieron y al final ya la piel no daba mas. Llegué a la semana 39! me practicaron una cesárea y ahí estaban mis dos amores llenos de vida y llenaron mi vida de las emociones mas fuertes. Siempre pensé: como iba a hacer cuando los dos lloren al mismo tiempo, o cambiarlos, o alimentarlos? Uno planea tantas cosas que al final todo sale por instinto, y poco a poco vas teniendo experiencia y no te das ni cuenta. Nunca me olvidaré que uno de los días en que estuve con ellos en el hospital después de su nacimiento en un momento me quedé sola.

Todo el mundo se fue, después de que mi habitación había estado llena de visitas, pocos minutos antes, ese fue el momento de la primera prueba, los niños como por arte de magia empezaron a llorar, como si ellos ya sabían que tenían que probar a mamá para saber que hacía.

Me tuve que parar e ir hacia las cunas y con el dolor de mi cesárea (era la segunda vez que me paraba) agarrar a uno por uno y traerlo hacia mi cama, no me funcionó pero ya por lo menos los tenía cerca. Creo que alcancé a medio pensar que lo que se venía no iba a ser fácil ni para mi ni mi esposo. Ya en la casa todo fue cuestión de paciencia, orden, sacrificio y mucho mucho amor. Fila de biberones, cajas de pañales, cantidad de leches, cesta llena de ropa, solo salir una tarde indicaba que la cajuela del carro se llenaba de lo más esencial para ellos, todo por partida doble. Como mamá de mellizos creo que una de las primeras virtudes que aprenden tus hijos es a tener paciencia, uno de ellos siempre tiene que esperar a que mamá o papá termine con uno para darle o hacerle algo y decirle al otro “espere un ratito” “you have to wait”, es chistoso pero los niños son diferentes a cuando una mamá solo tiene un bebé, ya que con uno la atención se concentra sólo en el, que al tener dos al mismo tiempo. Ellos tienen que aprender a “esperar”,pero también son cuatro manos las que te abrazan al mismo tiempo, reparto besos al mismo tiempo, dos que aprenden a caminar al mismo tiempo, se tienen siempre compañía por que se tienen el uno al otro desde que compartían la barriga de mamita, y la emoción mas grande cuando aprendieron a decir mamá al mismo tiempo. Definitivamente mi vida cambió después del parto, con mi esposo nos organizamos con horarios que a partir de los 3 meses pudieron ser cumplidos, y creo que es lo mejor que pudimos hacer con ellos, por que sino estuviéramos medios locos. Es más, con él siempre decimos si con dos ha sido fácil, cómo hubiera sido la experiencia si fuera solo con uno. (Regalado o facilito como decimos en Ecuador).

DEPRESIÓN POSTPARTO

Autor: Cris Espinosa

Estamos constantemente bombardeadas con imágenes perfectas, de mujeres perfectas recién dadas a luz, con sus bebés perfectos, en un sueño profundo perfecto, con su esposo perfecto, en su casa perfecta. La perfección de televisión es la que me imaginaba que sería mi vida

claro, antes de saber lo que me esperaba. Como si fuera una alcohólica en rehabilitación, puedo ahora admitir… TUVE DEPRESIÓN POSTPARTO, y hay días en que aún la tengo. Mi hija Caye nació por cesárea. Tuve el mejor embarazo del mundo, ni una náusea , ni un dolor, ni un solo cansancio, y sobre todo un esposo que me mimaba de aquí a la luna. Nosotros planeamos ser padres, la queríamos tener con locura. Soñaba con ser mami y por fin lo iba a ser. Parecía que todo sería como de revista. Perfecto. Mientras estuvimos en el hospital estaba bien, con familia y con enfermeras dispuestas a ayudar a esta novata en el proceso de ser madre. Todo empezó a ir de caída cuando llegamos a casa. Yo soy mami a tiempo completo. Mami, empleada doméstica, enfermera, chofer, niñera, esposa. Todo esto es abrumador sin tener depresión postparto, pero es casi mortal padeciendo de DPP. Créanme, no soy mala madre, aunque lo que les voy a contar me haga sonar como la peor. Por favor no juzguen. Desde el día que llegamos a casa hasta los 6 meses mi hija no paró de llorar conmigo. Si estaba despierta y en mis brazos o en mi compañía, estaba llorando. Yo le gritaba para que pare y ella lloraba más. Ella lloraba y yo lloraba. Mis días y noches eran eternos, y yo lloraba o pasaba furiosa. No disfrutaba de mi hija ni un poco, sentía que mi trabajo era el mantenerla viva y limpia, y lloraba. Yo simplemente no la quería, y claro, la conciencia de no quererla me hacía llorar aún más. Mis conocidas en fb posteaban fotos de sus bebés escribiendo lo mucho que les amaban y la bendición que eran esos bebés en sus vidas. ¿Y yo? No, yo no. Yo no sentía eso. Aunque había leído acerca de la DPP todo el embarazo, no veía lo que estaba pasando. Lloraba con mi mamá y le decía que yo creía tener depresión postparto, y ella me decía que eso no existe y yo me lo creía. Cabe recalcar que mi mami es de otra época. Creo que no confiar en mí y por ende no hacerme atender lo antes posible lo hizo mucho peor. Pasaron más meses, y nada fue mejorando. NADA. Ni un poquito. De hecho todo se empezaba a hacer peor. Mi hija tenía preferencia por mi esposo y eso me dolía, me dolía tanto que sentía que mi hija no me quería, así que dejé de quererle, de paso, a mi esposo también. Era yo contra el mundo. Todos eran mis enemigos. Lloraba y lloraba y sólo pensaba en que todos estarían mejor sin mí. Estaba hundida en una tristeza fuera de este mundo. Todo me hacía llorar o enfurecer. Había llegado a mi límite al tener ésta depresión por más de un año. ¡MAS DE UN AÑO! Había perdido el primer año de vida de mi hija prácticamente sumida en odio, tristeza, rabia. Había perdido el amor por mi pareja. Había perdido mi felicidad. Algo tenía que cambiar. No podía seguir sintiendo estas cosas sin sentido. Eso no era normal, y no podía ser yo la única que estaba pasando por esto. ¿Por qué solo yo la única de la familia, la única del mundo? ¿Era yo simplemente la mala?

En algún momento maravilloso de lucidez tomé el teléfono y le llamé al pediatra para que me refiera a un psicólogo que trate la depresión postparto.

¿Por qué esperé tanto? Pues, no conocía a nadie con depresión postparto, o por lo menos nadie me lo había admitido. No quería ser la loca, la rara, la que no le quiere a su bebé, la mala madre. Traté de aparentar ser la mami perfecta, de esas con la casa y bebe perfecta. Todo lo que las publicidades te hacen creer que es lo normal. Yo quería ser normal y perfecta. Mi hija ahora tiene 2 años, de carácter fuerte, testaruda desde el día que nació. Es feliz y es triste, es loca y cuerda, es llorona y es sonreída, es enojona y es una payasita. Ella no es fácil. Nunca lo fue. Es lo que es. Somos una familia real, muy lejos de ser perfecta. Somos simplemente nosotros. Hay días locos donde el llanto me gana. Trato de no volver a olvidar que es normal, porque no somos de revista, no somos actores y actrices y no estamos actuando ni posando para un comercial. ¡Es la vida! Tener depresión postparto es normal, está lejos de ser perfecto, pero es humano. Es real.

Soy Cris, y no tengo vergüenza de admitir que tuve depresión postparto, y, en días como hoy, aún la tengo.