DEPRESIÓN POSTPARTO

TU TESTIMONIO

Autor: Cris Espinosa

Estamos constantemente bombardeadas con imágenes perfectas, de mujeres perfectas recién dadas a luz, con sus bebés perfectos, en un sueño profundo perfecto, con su esposo perfecto, en su casa perfecta. La perfección de televisión es la que me imaginaba que sería mi vida

claro, antes de saber lo que me esperaba. Como si fuera una alcohólica en rehabilitación, puedo ahora admitir… TUVE DEPRESIÓN POSTPARTO, y hay días en que aún la tengo. Mi hija Caye nació por cesárea. Tuve el mejor embarazo del mundo, ni una náusea , ni un dolor, ni un solo cansancio, y sobre todo un esposo que me mimaba de aquí a la luna. Nosotros planeamos ser padres, la queríamos tener con locura. Soñaba con ser mami y por fin lo iba a ser. Parecía que todo sería como de revista. Perfecto. Mientras estuvimos en el hospital estaba bien, con familia y con enfermeras dispuestas a ayudar a esta novata en el proceso de ser madre. Todo empezó a ir de caída cuando llegamos a casa. Yo soy mami a tiempo completo. Mami, empleada doméstica, enfermera, chofer, niñera, esposa. Todo esto es abrumador sin tener depresión postparto, pero es casi mortal padeciendo de DPP. Créanme, no soy mala madre, aunque lo que les voy a contar me haga sonar como la peor. Por favor no juzguen. Desde el día que llegamos a casa hasta los 6 meses mi hija no paró de llorar conmigo. Si estaba despierta y en mis brazos o en mi compañía, estaba llorando. Yo le gritaba para que pare y ella lloraba más. Ella lloraba y yo lloraba. Mis días y noches eran eternos, y yo lloraba o pasaba furiosa. No disfrutaba de mi hija ni un poco, sentía que mi trabajo era el mantenerla viva y limpia, y lloraba. Yo simplemente no la quería, y claro, la conciencia de no quererla me hacía llorar aún más. Mis conocidas en fb posteaban fotos de sus bebés escribiendo lo mucho que les amaban y la bendición que eran esos bebés en sus vidas. ¿Y yo? No, yo no. Yo no sentía eso. Aunque había leído acerca de la DPP todo el embarazo, no veía lo que estaba pasando. Lloraba con mi mamá y le decía que yo creía tener depresión postparto, y ella me decía que eso no existe y yo me lo creía. Cabe recalcar que mi mami es de otra época. Creo que no confiar en mí y por ende no hacerme atender lo antes posible lo hizo mucho peor. Pasaron más meses, y nada fue mejorando. NADA. Ni un poquito. De hecho todo se empezaba a hacer peor. Mi hija tenía preferencia por mi esposo y eso me dolía, me dolía tanto que sentía que mi hija no me quería, así que dejé de quererle, de paso, a mi esposo también. Era yo contra el mundo. Todos eran mis enemigos. Lloraba y lloraba y sólo pensaba en que todos estarían mejor sin mí. Estaba hundida en una tristeza fuera de este mundo. Todo me hacía llorar o enfurecer. Había llegado a mi límite al tener ésta depresión por más de un año. ¡MAS DE UN AÑO! Había perdido el primer año de vida de mi hija prácticamente sumida en odio, tristeza, rabia. Había perdido el amor por mi pareja. Había perdido mi felicidad. Algo tenía que cambiar. No podía seguir sintiendo estas cosas sin sentido. Eso no era normal, y no podía ser yo la única que estaba pasando por esto. ¿Por qué solo yo la única de la familia, la única del mundo? ¿Era yo simplemente la mala?

En algún momento maravilloso de lucidez tomé el teléfono y le llamé al pediatra para que me refiera a un psicólogo que trate la depresión postparto.

¿Por qué esperé tanto? Pues, no conocía a nadie con depresión postparto, o por lo menos nadie me lo había admitido. No quería ser la loca, la rara, la que no le quiere a su bebé, la mala madre. Traté de aparentar ser la mami perfecta, de esas con la casa y bebe perfecta. Todo lo que las publicidades te hacen creer que es lo normal. Yo quería ser normal y perfecta. Mi hija ahora tiene 2 años, de carácter fuerte, testaruda desde el día que nació. Es feliz y es triste, es loca y cuerda, es llorona y es sonreída, es enojona y es una payasita. Ella no es fácil. Nunca lo fue. Es lo que es. Somos una familia real, muy lejos de ser perfecta. Somos simplemente nosotros. Hay días locos donde el llanto me gana. Trato de no volver a olvidar que es normal, porque no somos de revista, no somos actores y actrices y no estamos actuando ni posando para un comercial. ¡Es la vida! Tener depresión postparto es normal, está lejos de ser perfecto, pero es humano. Es real.

Soy Cris, y no tengo vergüenza de admitir que tuve depresión postparto, y, en días como hoy, aún la tengo.

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